Análisis de la personalidad del líder de las sectas destructivas

La ansiedad es un estado desagradable de temor que se manifiesta externamente a través de diversos síntomas y signos, y que puede ser una respuesta normal o exagerada a ciertas situaciones estresantes del mundo en que vivimos, aunque también puede ser una respuesta patológica y anormal producida por diversas enfermedades médicas y/o psiquiátricas.

Sin duda alguna la ansiedad es la problemática más presente en las consultas públicas y privadas de salud mental. Podríamos hablar del trastorno de ansiedad generalizada, del trastorno de estrés postraumático, de fobia simple, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo y en general está presente en todos o casi todos los trastornos relacionados con la enfermedad mental como por ejemplo en los trastornos alimentarios, en las adicciones…

Cuando la ansiedad está presente se produce toda una sintomatología tanto a nivel somático (taquicardias, opresión en el pecho, temblores, etc.) como cognitivo (ideas catastróficas, de inadecuación, etc.) y comportamental (evitamos situaciones, personas, lugares, podemos tener peor rendimiento en el trabajo, a nivel sexual, etc.). Es por la dificultad que generan los síntomas que estos se intentan paliar lo antes posible, bien sea por medio de fármacos como los ansiolíticos y benzodiacepinas, o recurriendo a diferentes formas de relajación y disminución de la activación como puede ser la respiración, la relajación, la meditación, etc. y también, y no en pocos casos, se recurre al consumo de alcohol y drogas.

Hemos de tener en cuenta que todos estos recursos utilizados, simplemente sirven para paliar la sintomatología de la ansiedad o para hacernos sentir momentáneamente mejor y más relajados ante las circunstancias y vivencias de nuestro día a día. Pero en mí opinión y en la de otros muchos colegas con dilatada experiencia en el tema sino realizamos un trabajo en profundidad que busque el por qué de nuestra ansiedad estaremos continuamente sufriendo las consecuencias de esta.

No debemos olvidar que de nuestra forma aprendida de afrontar las situaciones que nos generan malestar y ansiedad va a depender que la mitiguemos de una u otra manera. Por ejemplo aquellos para quien la realidad les resulta excesivamente dura y difícil pueden escapar de ella por medio del abuso de alcohol, de un abuso en la meditación, comiendo, jugando a las máquinas tragaperras, etc.

Hemos de tener en cuenta que la manifestación de la ansiedad en cada uno de nosotros va a depender de nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos y nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos están completamente relacionados con nuestros aprendizajes los cuales están determinados por los contextos en los que nos desarrollamos.

Soy de los que creo que los aprendizajes que más nos influyen en nuestra vida tienen que ver con lo afectivo-emocional, creo que en nuestros contextos vivimos diferentes tipos de vínculos, pero los más significativos se producen en nuestros primeros años y como en algún otro artículo he escrito en los primeros años nuestros aprendizajes son con el hemisferio derecho (el denominado emocional) ya que el hemisferio izquierdo comienza a desarrollarse más tarde.

Es evidente que nuestras ideas y pensamientos son importantes pero entiendo que estos se montan e interrelacionan con nuestros afectos y esquemas emocionales experimentados en nuestros vínculos primigenios. Joseph Ledoux en su libro “El cerebro emocional” nos habla de la importancia del cerebro emocional para nuestra supervivencia, nos ofrece el siguiente ejemplo: Si vamos por la selva y vemos una serpiente lo primero que hará nuestro cerebro será reaccionar ante algo que ha visto (este sería el circuito corto, el de la amígdala) y después en unas milésimas de segundo será capaz de identificar eso que vio como una serpiente, este es el circuito largo en el que la información va al cortex frontal.

Es necesario, nos dice, reaccionar lo antes posible pues nos va en juego la vida, después de que ya hemos reaccionado evaluamos, identificamos, reconocemos “que era eso que nos hizo reaccionar así”.

Cuando uno trabaja con personas que presentan un cuadro de ansiedad lo que descubre es que para ellos todo es ansiedad, que quiero decir con esto. Empezamos a mejorar cuando somos capaces de diferenciar las diferentes emociones, afectos y sentimientos que las diferentes situaciones nos generan. Pondré un ejemplo muy común y por otra parte doloroso. Cuando se nos muere un ser querido, perdemos una relación de pareja, un trabajo… podemos presentar diferentes sentimientos y emociones dependiendo del momento, es muy común que en un principio podamos sentir rabia porque nos ha dejado, para después pasar a sentir tristeza o pena, incluso pueden asaltarnos sentimientos de culpa, inadecuación, etc.

Hay, como podemos ver, toda una serie de sentimientos y emociones que son normales (aunque duros) en esos momentos, sin embargo uno se encuentra en la consulta (suele suceder después de un tiempo de la muerte o la pérdida de una relación o incluso del trabajo ) con personas que no han registrado ninguno de esos sentimientos y que se presentan con una enorme angustia sin, que sean capaces de pensar en la posibilidad de que la pérdida del ser querido, o de la relación o del trabajo, tenga algo que ver en su estado.

Esta es la cuestión, a veces la dureza de la vida nos confronta con el dolor y el sufrimiento pero nosotros preferimos no verlo, negarlo, evitarlo, escapar de él y para ello recurrimos a los diferentes recursos antes apuntados y entonces el problema no está en si recurrimos a los fármacos, al alcohol, a los viajes astrales o a los baños solares mañaneros energizantes; el problema está en no querer reconocer y aceptar el dolor y el sufrimiento, en que podemos estar sintiendo un malestar tan profundo que sentimos como si nos doliera el alma.

Un tratamiento exitoso de cualquier problemática en salud mental pasa siempre por aprender a explorar nuestras emociones, sentimientos y afectos, por reconocerlos y aceptarlos. Lo que más se encuentra en la consulta es como una especie de demanda en la que la persona que viene a consulta nos está diciendo: “quíteme rápidamente esto que me pasa”. Yo entiendo que ante el sufrimiento y el dolor que esa persona trae lo primero es intentar mitigar los síntomas que para ella son los que la están causando el dolor y el sufrimiento que tiene, pero si esta persona que va a consulta sigue sin querer afrontar toda una amalgama de sentimientos y emociones que la vida genera y que también tienen que ver con su propia historia de vida nunca podrá llegar a poder gestionar sus sentimientos y emociones de una manera más sana y equilibrada, con las inevitables consecuencias que esto acarrea.

A los psicólogos y psicoterapeutas que tenemos experiencia en salud mental nos gustaría poder decir no se preocupe usted, esto son cuatro sesiones o charlas y ya está, o sino léase usted un libro de autoayuda de esos que llegan a ser best sellers y por qué no sea usted positivo y optimista si usted piensa que todo va a cambiar a mejor esto sucederá, mientras tanto no sienta ni viva este mal trago, pase usted de puntillas sobre estos duros momentos o sino mejor ni piense en ellos, que está usted en el paro piense en positivo, olvídese del malestar y de todo los sentimientos que el no trabajar le pueda generar, total si vivimos cuatro días “pa qué”.

Pero por desgracia esto no es así, nuestro cerebro emocional tiene vida propia y por mucho que le queramos engañar está enseñado filogenéticamente a captar todo tipo de sensaciones y no puede dejar de percibir por mucho que nosotros conscientemente le digamos que no tiene que percibir lo que percibe y sentir lo que siente. Es por ello que como esas percepciones, sentimientos y emociones están ahí y por mucho que lo queramos negar seguirán apareciendo y es entonces cuando utilizaremos los métodos antes apuntados para deshacernos de la sintomatología que nos generan.

En nuestro trabajo se necesita un verdadero compromiso por parte del paciente y por supuesto por parte del psicoterapeuta para que a través del vínculo que entre ellos se establece se puedan encontrar formas más sanas y saludables de vivir lo cual implica explorar, reconocer y aceptar nuestros sentimientos de debilidad, vulnerabilidad, incapacidad, inadecuación, de hostilidad, de rabia, ira, vergüenza, etc.

Es necesario que podamos ser capaces de reconocer y afrontar todo este tipo de sentimientos que se encuentran en todos y cada uno de nosotros, porque si somos capaces de reconocerlos es mucho más fácil que no los actuemos y por tanto seremos personas más reales, honestas con nosotros mismos y con los demás, en definitiva más auténticas. Si somos capaces de reconocer que en ocasiones sentimos envidia, celos, ira, etc. estamos siendo conscientes de estos sentimientos y por tanto en nuestras manos está el que obremos dejándonos llevar por ellos o no.

Pero amigos sino no somos conscientes de ellos de nuestra ira, rabia, odio, etc. seguro que la actuaremos, pero claro como no somos conscientes de ello estaremos haciendo daño a ese alguien objeto de nuestro odio, ira, resentimiento, etc. aunque luego digamos, completamente convencidos, que no somos así, de que nosotros somos buenas personas, que ese tipo de sentimientos horribles y horrorosos no son nuestros, vamos que eso son “cosas de los psicoanalistas”.

Por otra parte estos sentimientos son normales y forman parte de todos los seres humanos y es desde el reconocimiento y la aceptación de ellos que probablemente podamos contribuir a un mundo más auténtico y mejor. Ahora bien, queridos lectores, la ingenuidad no es una virtud mía y por tanto me temo que seguiremos creyendo y sobre todo dando a entender a los demás que todo esto no tiene que ver con nosotros, pues fíjate tú con lo buen corazón y cariñoso-a que yo soy como alguien puede pensar así de mí.

No nos olvidemos vemos el blanco porque existe el negro y quitar uno de los dos colores hace que el otro ya no tenga sentido. Por tanto menos buenismo superfluo y defensivo y aprendamos a reconocer, afrontar y aceptar nuestro lado menos agradable pero real pues será la forma de que nuestra vida pueda ser más clara, transparente, auténtica y llena de sentido. Seguro que nuestro mundo sería un mejor lugar para estar.

José González Guerras

Ir al contenido